martes, 11 de agosto de 2009

.:Una pequeña Barca:.

El sol se escabullía tímidamente entre los alcores del este, iluminando el fértil valle adornado por girasoles que elevaban su vista para mirar de frente y con osadía a la estrella dominante; la mañana se mostraba desafiante, como queriendo burlarse con su belleza de la desdicha que me abrumaba, ese vacío despertar me fustigaba como mil látigos que laceraban profundamente mi consciencia; y de nuevo, como cada mañana volví a llorar, saboreando las lagrimas que se colaban por la comisura de mi boca; un extraño placer me invadió bruscamente: por primera vez en la vida lloraba así, sin muecas, silenciosamente, como un hombre…esas particulares lágrimas que sólo se derraman por amor…Durante un instante oí los sollozos batiendo mi pecho como el oleaje profundo y grave del mar.

Apoyé la cabeza en la húmeda almohada y cerré los ojos por un instante, al abrirlos noté que el cielo se había oscurecido, el paraje celestial se había desdibujado. El vetusto reloj de péndulo de la sala toca siete veces…Otra hora perdida, hundida, que se ha escurrido entre los dedos como el agua y no volverá; Decidí emprender el camino hacia el muelle más cercano a la cabaña, un camino rutinario, habitual, monótono…mi pequeña barcaza sin nombre ni destino, un bote en paupérrimas condiciones, con la pintura descascarada y su casco enmohecido, que era mecido con delicadeza por débiles olas en la ribera del mar, con ligereza subí a ella y liberé la soga que mantenía asido el bote al pilar derecho del improvisado muelle, me adecué no sin problemas al incómodo taburete ubicado entre ambos remos; comencé a batir el agua que me rodeaba con ritmo parsimonioso y este se alejó de la costa dejando a su paso una efímera estela que se perdía en el mar.

Remé hacia el horizonte, mientras el cielo comenzaba a nublarse por el este y una tras otra las estrellas que conocía fueron desapareciendo. Ahora parecía como si estuviera entrando a un gran desfiladero de nubes, y el viento comenzó a soplar con inusitada fuerza, generando olas que cada vez eran de mayor tamaño, el agua se colaba por el acrostolio del pequeño bote mojando mi agitado pecho; luego de un par de horas estaba rígido y adolorido, todas las partes castigadas de mi cuerpo dolían con el frío de la noche.

Pero hacia medianoche tuve que pelear y esta vez sabía que la lucha sería inútil, enfrentar las fuerzas de la naturaleza, ola tras ola azotando la débil embarcación, en medio de la nada, suspendido en la inmensidad. A pesar del estoico papel que había desarrollado mi pequeño bote, sucumbió ante los avatares de un mar salvaje e indomable, una ola arranco mi proa de raíz, como una mordida letal que propicia la captura de una presa, mi navío comenzó a zozobrar, el miedo se sentía como un gélido sudor que recorría mi espina y la desesperación se manifestaba con gritos de ¡auxilio!...un sordo alarido que se perdía en la soledad de un océano en desamparó; inevitablemente caí al agua, sumergiéndome por un instante y asiéndome a un trozo de madera logré sacar mi torso de las fauces de la muerte.

El frío océano ya había adormecido mis extremidades y mis pulmones inhalaban las últimas bocanadas de aire previo al ineludible desenlace; y no pudiendo mantener mi cuerpo a flote me hundí mansamente entregando mi vida a Neptuno…a lo lejos se oían débilmente unas campanadas una, dos, tres.....diez, esta última resonó en toda la cabaña despertándome abruptamente, me incorporé y sentado a los pies de la cama me cubrí el rostro con las manos rompiendo en llanto.

Reflexionando y en mis sueños embebidos, me dije: … sólo fue una visión onírica propiciada por la indulgente acción de Morfeo, una maquinación fortuita de mi mente. No obstante, puede catalogarse como una manifiesta expresión de mi subconsciente, quizás ese pequeño bote, sorteando olas en medio de la nada, sucumbiendo inexorablemente a las envestidas de un mar caprichoso y letal, no es más que la sensación de tu ausencia, la que provoca que me sienta desamparado, sobrepasado por miedos, soñando despierto con tu voz, viviendo de recuerdos, añorando poseer un puerto donde encallar, para así sobreponerme y continuar…

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